02 de Diciembre, 2016
Vive la gracia de Adviento en familia

El lugar más adecuado para esperar un gran acontecimiento es sin duda en el seno del hogar.
 

Si supiéramos de antemano que algo grande nos va a pasar mañana, y pudiéramos elegir, sin duda el lugar preferido sería nuestro hogar y rodeado de nuestra familia. Claro, ya que son ellos los que nos dan el amor y la confianza, que nos hacen sentirnos como lo que somos y que valemos.

Sabemos que en Navidad Jesús va a acercarse especialmente a nosotros nuevamente como todo los años , por eso lo esperamos en familia en la intimidad del hogar, Él conoce y sabe todo lo que queremos, tenemos y esperamos, el invitado ideal que acompaña, escucha y salva
Pero como a toda visita, especialmente importante, la el lugar para recibirlo, especialmente de forma de agradar a nuestro gran invitado.

¿Qué le gusta a Jesús nuestro invitado?

La sencillez y la sobriedad. No llenemos nuestra casa con grandes cosas. El compartir especialmente con los más desposeídos, compartamos de lo que tenemos. Es tiempo de espera, dispongamos nuestro corazón y nuestras manos. Que haya un ambiente de amor y comunidad. Salgamos a compartir con todos nuestros vecinos y familiares, por eso reunámonos con los mas posibles. Preparémonos para vivir una Navidad en la calle, no solo saliendo al encuentro de quienes están a la orilla del camino, sino también abriendo las puertas de nuestro hogar a quien está solo o a quien no tiene medios para celebrar la venida del Señor.

Así el estará en el centro de nuestra vida, por eso coloquemos los símbolos que lo recuerdan en el lugar principal de nuestro hogar.

Que nos demos a los demás, por ello que en este Adviento sea la presencia del otro y su necesidad las que nos motive a dar (regalar) algo útil, nuestro tiempo, o tal vez solo una sonrisa que restituya la dignidad olvidada o debilitada. Que la presencia de un Dios que ama vuelva a tener un rostro humano y visible.

Tenemos una gran Tarea en el Adviento, antes de que llegue Navidad, para que todos podamos vivir en profundidad esta central y preciosa fiesta para todos los cristianos.

Que Dios bendiga y ensanche nuestros corazones, para que no se endurezcan en la fría y pragmática vida de todos los días y los transforme en sensibles trasmisores del gran Amor de nuestro Padre Dios, rico en Misericordia que quiso estar con nosotros, esa es la alegría que nos inunda.

Que la Inmaculada Virgen Santísima nos acompañe en todo nuestro caminar y nos ilumine nuestro actuar.

Mónica Undurraga y José Manuel Borgoño
Delegados Episcopales para la Familia


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