Mensaje  Septiembre 2013 N° 155
Palabra de Dios


Enviaron a Jesús unos espías que simulaban ser justos para preguntarle: “Maestro, sabemos que hablas y enseñas con rectitud y que no tienes en cuenta la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Nos es lícito pagar tributo al César o no?” Pero Él, habiendo conocido su astucia, les dijo: “Mostradme un denario. ¿De quién lleva la imagen y la inscripción?” Ellos dijeron: “Del César.” Él les dijo: “Pues bien, lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios.” (Lc20, 21-25)

Reflexión.

Bueno es recordar en este mes que celebramos las fiestas patrias como nos entregamos a las cosas propias del hombre dejando, muchas veces, de lado las cosas de Dios. Y no es que celebrar los acontecimientos que a todos nos atañen sea malo a los ojos de Dios, por el contrario, Dios quiere que seamos familia y una característica de ella es la celebración, compartiendo la alegría y la paz. Lo importante es que no sólo nos aboquemos a actos puramente humanos sino que demos cabida también a las cosas de Dios.

Este es un mes dedicado a la Palabra del Señor, para conocer más de su verdad y alimentar nuestro espíritu con Ella. Están también algunas fiestas marianas íntimamente relacionadas con nuestra Santísima Madre. Así tenemos el día 12 la celebración del dulce nombre de María y los días 15 y 24 en donde la recordamos como la Madre Dolorosa que al pie de la cruz nos recibió como hijos y la Merced, título que en la Edad Media era sinónimo de misericordia para con los cautivos privados de libertad física y espiritual. Hoy  seguimos invocando a María como Nuestra Señora de la Merced para con todos los que anhelan liberarse del vicio, el pecado y la opresión de los hombres. El domingo 29 cerramos el mes con la oración por Chile junto a la Virgen del Carmen.           

Dios no quiere sustraernos de las responsabilidades como miembros de una comunidad civil llamados a hacer grande la Patria que Él nos ha dado y quiere que cada cual, conforme a su realidad, participe en el devenir de los acontecimientos que toquen a la Nación. Pero por otra parte no debemos olvidar que nuestra historia, como país, está ligada también a una fe mayoritariamente aceptada y asumida por nuestro pueblo en donde la Santísima Virgen no sólo ha jugado un papel de carácter piadoso, sino que su acción ha estado relacionada con los hechos y los actores principales de la historia patria. Los padres de la Patria siempre acudieron a ella poniendo en sus manos los destinos de la Nación.

Oraciones

Primer día: Reunidos en torno a la Imagen de María o la Sagrada Familia Misionera decimos: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Oración: “Querida Madre, que nos visitas junto a tu hijo Jesús y tu amado esposo José, sean bienvenidos a nuestro hogar. En este mes dedicado a la celebración de las gestas nacionales que dieron paso a nuestra libertad, queremos tenerte al centro de nuestra alegría, pues tú te hiciste presente al extremo de que los padres de la Patria te nominaron como la patrona, la reina de Chile y nuestras fuerzas armadas se consagraron a ti. Hoy queremos renovar ese compromiso de amor contigo y decirte que aparte de ser nuestra reina te sentimos como la legítima Madre que el Señor nos regaló en la cruz.  A ti acudimos para pedir tu ayuda y que nos regales la paz de Cristo a todas las familias chilenas. Amén. 
A continuación decimos las intenciones o las peticiones por las que vamos a rezar. Aconsejamos el rezo del Rosario en Familia o una decena. Concluimos con: un Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Luego decimos la siguiente jaculatoria: “Que el Señor nos bendiga, nos libre de todo mal y nos lleve a la vida eterna.” Amén. Hacemos la señal de la cruz.

Segundo día: Todo igual que el primer día. Sólo cambia la oración.

Oración: “Querida Familia de Nazaret, escuela de formación del corazón del pequeño Jesús que el Padre Dios puso en vuestras manos. Concédannos la gracia de hacer de nuestro hogar una escuela de los valores fundamentales que deben estar presentes en la convivencia nacional. Que nadie se sienta al margen de sentirse un chileno más, participando en todo aquello que haga a nuestra Patria un país en que reinen la armonía, la solidaridad, el respeto entre las personas, la alegría sana de sentirnos hijos de una gran nación y que la paz que Dios nos da se haga presente en todos los corazones y nuestros hogares, desterrando la violencia que nos impide sentirnos hermanos.  Amén.

Tercer día: Todo igual que el primer día. Sólo cambia la oración.

Oración: “Queridos Jesús, José y María, como familia agradecemos su visita.  Les rogamos permanezcan en nuestra compañía para así vivir en un ambiente de paz y alegría, propio de quienes se unen a través del amor compartido. Que nuestro hogar marque la diferencia en nuestro ambiente, no por poseer más cosas, sino por la manera de tratarnos y de compartir todas las situaciones de nuestra vida. Que Dios reine en nuestra casa y cuantos lleguen acá sientan la presencia del Señor y experimenten que las cosas pueden ser distintas si Él es el centro de la convivencia y todos  se esfuercen por hacerlo parte de sus vidas para contagiar a otros con esa felicidad que sólo Dios puede dar. Amén.

LA EDUCACIÓN CÍVICA

En un mundo convulsionado por distintas tendencias que impiden al hombre convivir en armonía, produciéndose situaciones de violencia que concluyen en una lucha sorda que cobra cada vez más vidas entre conciudadanos, el tema de la educación cívica debe ser abordado por quienes tienen la responsabilidad de educar a las nuevas generaciones.

Mucho se habla de democracia, de la falta de tribuna para muchos, de las desigualdades sociales, de las tiranías y las políticas injustas, pero poco se habla del papel que los padres ejercen sobre el pensamiento de los hijos que beben mucho de la amargura de unos, las rebeldías y frustraciones de otros.

Los padres, primeros educadores de sus hijos, tienen en sus hombros la grave responsabilidad de orientar con sabiduría la vida  de su prole, pues ésta no es el paño de lágrimas de sus frustraciones, ni la culpable de las duras situaciones que les haya correspondido vivir.

Muchas de las tragedias de los pueblos han tenido su caldo de cultivo en las familias engañadas por quienes les han vendido ilusiones con el único fin de sacar utilidades para sus postulados que no buscan el bien común, sino el bienestar de una camarilla que vive a espesas de los crédulos. Luego, cuando la realidad les muestra la verdad y se percatan  de haber sido engañados, ya es tarde para volver atrás y amargan sus vidas al sentirse utilizados. A su vez vierten esa amargura en el corazón de sus hijos y comienza a desarrollarse un sentimiento de frustración que terminará por transformarse en rebeldía.

Prueba de estas conductas vemos a diario cuando los jóvenes hablan de épocas que nunca han vivido y se hacen protagonistas de discursos reivindicacionistas basados en lo que sus padres han depositado en sus mentes jóvenes. Al ser abordados por otros vendedores de ilusiones son absorbidos fácilmente por los engaños y se vuelve a repetir la experiencia vivida por sus progenitores.

Con el correr del tiempo tendremos una ola gigantesca que más tarde o más temprano causará estragos en la sociedad.

Que importante, entonces, que los padres actúen con sensatez y sin pasionismos velando por el bien común, no sólo de su familia, sino que de su entorno y el de la Patria que todos están llamados a defender y a hacer próspera.

No podemos pedir a los demás que vivan en paz si nosotros no somos constructores de dicha paz a partir del propio hogar. No podemos ni siquiera hablar de solidaridad si en la propia familia prima el egoísmo que nos hacer ver la realidad con una mirada estrecha que no tiene en cuenta sino los propios intereses sin percatarnos que mi libertad no puede pasar sobre la libertad de otros y mis derechos no puedo hacerlos prevalecer sobre los de los demás.

Si actuáramos correctamente todo sería distinto, pues el bien siempre termina imponiéndose sobre el mal. Pero si nos transformamos en artífices del mal ¿quién sostendrá el bien?

No podemos culpar a Dios de los males de la humanidad, pues el hombre ha sido hecho libre y Dios le ha dado la inteligencia y la razón para buscar el bien y operar con él. Pero le hemos cerrado la puerta a Dios, el Bien Supremo, y nos hemos entregado al mal como sus esclavos y servidores. Cada vez que envenenamos la vida de nuestros hijos con nuestra propia amargura y frustración, nos estamos haciendo agentes del mal que encontrará en sus jóvenes almas terreno fértil para seguir sembrando sus semillas.

Hagámonos agentes del bien, luchemos por la verdad que Dios nos ha revelado y opongamos al odio el amor que, como un mandato, el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo, nos ha dado y ha sembrado en nuestros corazones.

Hay una necesidad imperiosa de proteger y comunicar a las nuevas generaciones los auténticos valores que hacen al hombre defender su dignidad por sobre todas esas consignas que tienden a hacerlo parte de una masa donde pierde su propia identidad. Eso se aprende en el hogar, en la vida de familia donde cada cual vale por lo que es y no por lo que tiene o aparenta ser.

He aquí la gran debilidad de la civilidad actual que grita consignas que otros ponen en sus labios, que se abstiene de votar en las elecciones porque no le interesa el bien común, que elige a las personas, no por lo que valen en sí conforme a sus realizaciones y si lo hace guiados por una propaganda que bien sabemos, la mayor parte de las veces, es sólo eso: propaganda sin contenido.

Debemos educar a los hijos para que utilicen los medios que el Creador ha puesto en ellos: su inteligencia y razón, para analizar los hechos y discernir quien representa el bien y quien el mal. No debemos olvidar que la libertad se ejerce cuando tenemos conocimiento real del bien y del mal y nos inclinamos por el bien. Lo otro es dejarse instrumentalizar por quienes buscan su propio interés olvidándose del resto; ese es el mal.

La Patria requiere de todos sus hijos para ser grande y próspera y éstos deben ser generosos en la búsqueda del bien común, la solidaridad, la participación, el ejercicio de sus legítimos deberes y derechos, buscando la paz social que sólo abunda en los corazones nobles de quienes tienen buena voluntad.
            
Reflexión compartida.

¿Analizamos con los hijos la realidad sin parcializarnos?
¿Tratamos de imponer nuestro pensamiento sobre los demás?
¿Aprenden nuestros hijos a discutir con altura de miras junto a nosotros?   
¿Respetamos su manera de pensar, cuando no estamos de acuerdo?    

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