Mensaje Octubre 2013 N° 156
Palabra de Dios


Llegaron a Cafarnaúm. Cuando ya estaba en casa, Jesús les preguntó: “¿Qué venían discutiendo por el camino?” Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido entre sí quién era el más importante.

Entonces Jesús se sentó, llamó a los doce y les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.” Luego tomó a un niño y lo puso en medio de ellos. Abrazándolo, les dijo: “El que recibe en mi nombre a uno de estos niños, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, no me recibe a mí sino al que me envió.”  (Mc 9, 33-37)

Reflexión

Caminando Jesús con sus discípulos los siente discutir pero nada les dice, pero al llegar a casa los reúne para preguntarles el motivo de la discusión. Ellos nada responden, pero Jesús que se había percatado de lo que hablaban aprovecha la ocasión para instruirles.

Que importante para los padres de familia contemplar este pasaje, pues acá Jesús les muestra como se ha de proceder frente a una discusión, como tantas que se pueden apreciar entre los hermanos, bien puede ser una hermosa ocasión para educar a los hijos.

No toma partido en la discusión, si no que aprovecha la oportunidad para decirles una verdad que ellos han de aplicar en su vida en común. En esta ocasión toma a un niño graficándoles como ha de ser su corazón. Un corazón sencillo que no busca compensaciones sólo se siente pleno con el cariño que Jesús le demuestra al abrazarlo.

Cuando los padres ven a sus hijos rivalizando han de esforzarse por hacerles ver que cuentan con su amor y que ese mismo amor ha de reinar entre los hermanos, de manera que cada cual se sienta pleno, no, por estar sobre el otro, sino por el amor que recibe al estar disponible para ese otro a quien veía como su rival. Si los dos son acreedores del amor de sus padres en su mal comportamiento, cuanto más lo serán si hay verdadero amor entre ellos.

Jesús ni siquiera les ha llamado la atención, los ha reunido pidiendo su atención para ayudarlos a reflexionar sobre su comportamiento y seguramente habrán quedado mucho más contentos al saber que cuentan con el amor de su Maestro si son capaces de asumir al otro de la forma como lo harían con el Señor si estar cerca de Él era lo que pretendían. La Palabra de Dios es vida y debemos llevarla a nuestro diario vivir. Acojamos su enseñanza y practiquémosla.

Oraciones

Primer día: Reunidos en torno a la Imagen de María o la Sagrada Familia Misionera decimos: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Oración: “Querida Madre, que nos visitas junto a tu hijo Jesús y tu amado esposo José, sean bienvenidos a nuestro hogar, en este mes de la Familia. Su presencia en nuestro hogar es una bendición para nosotros y un ejemplo cercano  que oriente nuestro caminar como comunidad de amor, tal cual la vivieron ustedes en Nazaret. Que su manera de acoger la voluntad del Señor sea para nosotros el modelo de como debemos actuar para ser gratos a Dios. Conocemos nuestras debilidades y lo que nos cuesta mantenernos fieles a los propósitos que hacemos y en su ejemplo podemos apoyarnos para ser la familia que el Señor espera que seamos. Ayúdennos a conseguirlo. Amén. 

A continuación decimos las intenciones o las peticiones por las que vamos a rezar. Aconsejamos el rezo del Rosario en Familia o una decena. Concluimos con: un Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Luego decimos la siguiente jaculatoria: “Que el Señor nos bendiga, nos libre de todo mal y nos lleve a la vida eterna.” Amén. Hacemos la señal de la cruz.

Segundo día: Todo igual que el primer día. Sólo cambia la oración.

Oración: “Querida Familia de Nazaret, donde Jesús se desarrolló hasta llegar a ser ese hombre verdadero profundamente centrado en Dios hasta el extremo de dar su vida por amor y porque se hiciera siempre y en todo momento la voluntad de su Padre Dios. Concédannos la gracia de imitar su forma de amar para que como esposos, padres, hijos y hermanos seamos testimonio vivo de que el amor de Dios todo lo puede, hasta dar la vida, si es necesario, por aquellos que amamos. Que nuestro hogar sea luz en medio de un mundo que vive más en las tinieblas del error y el egoísmo, así podamos ayudar a nuestro prójimos mostrando con nuestra vida que para el amor de Dios no hay imposibles.  Amén.

Tercer día: Todo igual que el primer día. Sólo cambia la oración.

Oración: “Queridos Jesús, José y María, como familia agradecemos su visita a nuestro hogar. Que los frutos de su presencia en medio nuestro puedan hacerse presentes para bien de todos cuantos nos conocen y puedan apreciar los cambios que se puedan producir. Sabemos de la generosidad del Padre Dios y de ustedes sus mensajeros, por ello nos atrevemos a pedirles su protección y la transformación de nuestros corazones para permanecer fieles al amor que Dios sembró en nuestros corazones y que debemos vivirlo en el día a día compartiendo cada momento: en salud o enfermedad, en riqueza o pobreza, en la alegría o la tristeza hasta que el Señor lo disponga y nos lleve a su Reino. Amén.

MES DE LA FAMILIA

Tradicionalmente la primera semana de Octubre se celebra en todo Chile la Semana de la Familia. Este año, extraordinariamente, se ha destinado todo el mes de Octubre a esta celebración, ocasión propicia para todos cuantos poseen una familia o anhelan contar con una, para reflexionar sobre el profundo significado de esta institución de procedencia divina que el hombre ha tratado y trata de manejar como si fuese producto de la imaginación del ser humano.

Cierto es que con el transcurso de los años su configuración ha sufrido alteraciones, pero su esencia no ha cambiado y sigue estando presente, en su núcleo central, el querer de Dios que ha hecho al hombre a imagen y semejanza suya.

La familia destinada a surgir de la relación de amor entre varón y mujer se ha visto deformada en su impulso original por la rebeldía del hombre y el mal uso de sus capacidades naturales con que Dios ha adornado su existencia para hacerlo partícipe consciente, racional, libre y voluntariamente del proceso creativo. Sin respeto a las fuerzas latentes en su naturaleza el hombre ha usufructuado de ellas transformándolas más en un medio para conseguir un placer egoísta que utilizándolas para colaborar con Dios en el llamado a la vida de nuevos seres para poblar la tierra. A tanto ha llegado esta actitud que hoy hay países que han perdido su capacidad de generar una población de recambio que permita un desarrollo sostenido de su identidad nacional ya sea en el plano social, político, económico, cultural, religioso.

La llegada de generaciones jóvenes venidas de otros lugares necesariamente producirá cambios radicales no solo en las costumbres, sino que en todos los ámbitos de la convivencia nacional, afectando fuertemente a la familia cuna de los valores más trascendentes de la vida humana. Si sumamos a ello la influencia externa a través de los medios de comunicación y las diversas redes que penetran los hogares, podemos comprender el por qué de los cambios en la mentalidad de muchos y de la sociedad en general que termina por aceptar realidades totalmente ajenas a nuestra idiosincrasia de pueblo, echando por tierra tradiciones y costumbres, junto con aquellos más reacios a estos cambios como son las generaciones mayores.

La religión que se sostiene en legados ancestrales y en la reflexión de muchos a través del tiempo, que mira la historia no como acontecimientos saltados, sino como un camino que lleva a la plenitud del ser, es descartada por muchos que la tratan de anticuada y poco dada a los cambios, no respetando:   La Palabra de Dios, la Tradición, el Magisterio, el sentido real de sus Ritos aduciendo que no pueden estar vigentes sin asumir la nueva realidad.

Por eso se postula que el concepto de familia hoy debe estar adecuado a una nueva realidad que tiene como parámetro una tolerancia sin límites que permita a cada cual vivir según los dictados de la corriente vigente, aunque ello vulnere los aspectos más elementales de la vida y el sentido de la propia existencia. No es extraño entonces que se vea como restricción a la propia determinación hablar de matrimonio entre varón y mujer si el querer de algunos es hacerlo entre iguales.

Sin darnos cuenta esta mentalidad se impone en los criterios de muchos que hablan de una igualdad que naturalmente es insostenible, pues las diferencias establecidas por el Creador van mucho más allá de lo que los sentidos naturales puedan captar. Varón y mujer jamás podrán ser iguales, salvo en su procedencia: las manos del Creador, la naturaleza que les ha otorgado y su dignidad de ser su imagen y semejanza.

Todo lo demás que podamos decir son sólo especulaciones pues lo real no podemos cambiarlo salvo que para tratar de imponer una idea elaboremos una y mil explicaciones que no podrán eliminar esta verdad. Cierto es que el hombre  desde el comienzo de su existencia ha tenido su talón de Aquiles, al extremo que habiendo sido creado para la Gloria, por su soberbia, se ha alejado del Bien Supremo que es Dios para seguir sus propias inclinaciones, ya que es libre y tiene voluntad propia.

Aprovechemos este mes para encontrarnos como familia y contemplar nuestra propia realidad, poniendo en común nuestras inquietudes y nuestras concepciones acerca de lo que entendemos por una familia, de manera que los unos puedan descubrir en los otros el trocito de verdad que cada uno encierra en sí mismo y conociéndolo puedan elaborar un proyecto de vida en que todos se sientan incluidos y llamados a construir un núcleo que sea un aporte a la sociedad y a la Patria que cuenta con sus hijos para ser una Nación fraterna.

Que este mes sea verdaderamente un encuentro de corazones de quienes comparten no sólo un techo, sino que la vida diaria ya sea a través del trabajo, el estudio, las entretenciones en común, las conversaciones y tantos momentos del diario vivir que pueden ser una muy buena ocasión para sentirnos responsables de la vida de los otros miembros de la comunidad familia. Esto es una real responsabilidad y el verdadero sentido solidario que no es simple limosna.         

Reflexión compartida.
            
¿Cuál es el espíritu de familia que reina en nuestro hogar?
¿Podemos decir que somos una comunidad solidaria? ¿Por qué?
¿Cuál debiera ser el rol de los padres en nuestra familia?   
¿Cuál debiera ser el rol de los hijos?          

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