Mensaje Noviembre 2013 N° 157
Palabra de Dios


El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. Y les dijo: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. 

Al entrar en una casa, digan primero: "¡Que descienda la paz sobre esta casa!"

Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. (Lc 10, 1-6)

Reflexión

El relato de San Lucas nos pone en sintonía con los planes de la Iglesia chilena para el año 2014 en el que se pretende dar el impulso inicial de la gran Misión Latinoamericana: Despertar el sentido misionero del cristiano que no es una actitud por un tiempo determinado, sino permanente.

Siguiendo el ejemplo de Jesús la Iglesia nos envía a ir por todos los lugares, particularmente los más alejados de la vida de la Iglesia, y a encontrarnos con hombres y mujeres que viven sin conocer a Dios u olvidados de Él, que se han alejado de su camino y vagan por rumbos que no son los que nos señala la Palabra de Dios que quiere reunir a todos sus hijos, para que haya un solo rebaño y un solo y único Pastor: Jesucristo nuestro Dios y Señor.

El campo del mundo es la gran mies del Señor que requiere de trabajadores abnegados y generosos que destinen su tiempo para seguir su huella y anunciar a todos su gran misericordia, dando a conocer  la venida de su Reino que requiere de la apertura de corazones para establecerse entre los hombres, en medio de su mundo de amarguras, dolores, angustias, depresiones, stress y todos los flagelos que les agobian día a día, sin encontrar la salida a su situación.

Este ha de ser el empeño de todos cuantos se dicen cristianos y que, en muchas ocasiones, sólo lo son de palabra y no de obras. Por ello es necesario acercarse al Maestro para escuchar su Palabra y conocer como ha de ser el comportamiento real de quien quiere ser su enviado, como una preparación para ir al encuentro de otros y, por desborde de alegría por el encuentro personal con el Señor, invitar a todos a seguirle, pues Él es el único capaz de sanar los corazones heridos por el pecado y conducirlos a la vida eterna por los caminos de esta vida, no siempre fáciles, pero con la esperanza que no claudica de unirnos a Él.

Oraciones

Primer día: Reunidos en torno a la Imagen de María o la Sagrada Familia Misionera decimos: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Oración: “Querida Madre, que nos visitas junto a tu hijo Jesús y tu amado esposo José, sean bienvenidos a nuestro hogar, en este mes de María. Su presencia en nuestro hogar es una bendición que el Padre nos envía y vuestra vida familiar el ejemplo vivo que pone a nuestro alcance para guiar nuestro caminar hacia el encuentro con Él en la eternidad. Queremos hacernos dignos de llevar el nombre de cristianos pero, muchas veces, no sabemos como comportarnos. Acoge nuestro ruego y con las gracias que el Señor ha colmado tu vida, ayúdanos a ser mejores cada día, a vivir teniendo a Jesús en medio nuestro y a amarnos como ustedes vivieron el amor en vuestro hogar de Nazaret. 
A continuación decimos las intenciones o las peticiones por las que vamos a rezar. Aconsejamos el rezo del Rosario en Familia o una decena. Concluimos con: un Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Luego decimos la siguiente jaculatoria: “Que el Señor nos bendiga, nos libre de todo mal y nos lleve a la vida eterna.” Amén. Hacemos la señal de la cruz.

Segundo día: Todo igual que el primer día. Sólo cambia la oración.

Oración: “Querida Familia de Nazaret, cuna de Jesús y lugar donde creció en sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres, como nos recuerda San Lucas en su Evangelio. Nosotros también queremos crecer en esa dimensión del conocimiento del querer de Dios para que nuestras vidas sean un testimonio vivo del amor de Dios que nos da la vida y nos sostiene en ella. Que nuestros sentimientos y el compartir como familia sea semejante al que ustedes vivieron en su hogar de Nazaret y que podamos mostrar a otros que el estilo de vida de ustedes es posible vivirlo hoy sin perder el norte y sin dejarnos arrastrar por las costumbres que se imponen en el tiempo presente Amén

Tercer día: Todo igual que el primer día. Sólo cambia la oración.
Oración: “Queridos Jesús, José y María, como familia agradecemos su visita a nuestro hogar. Que los frutos de su presencia en medio nuestro se reflejen en nuestras costumbres para que otros viendo nuestra manera de vivir se sientan invitados a compartir la experiencia. Solos nada podemos, pero con el auxilio de la gracia todo nos será posible. Que este sea el gran regalo que nos dejen al partir para que nuestros esfuerzos por ser mejores y estar más unidos al Divino Corazón de Jesús, no sea sólo un simple deseo o anhelo incumplido, sino que se trasforme en una auténtica realidad que cambie nuestros corazones y nos permita vivir en la paz y la alegría que nos deja su presencia en nuestro hogar. Amén.

LA FAMILIA MISIONERA EN EL MES DE MARÍA

Ha llegado noviembre, tiempo hermoso en que celebramos las virtudes de la Santísima Virgen como: Esposa, Madre, hija predilecta del Padre, discípula de Cristo su Hijo y la primera misionera que lleva al Señor al encuentro con su predecesor en el seno de su madre y como servidora de la vida en su visita a su prima Santa Isabel.

Pero este mes no sólo llega con esta alegría, sino que trae un gran desafío para toda la Iglesia chilena convocada a dar inicio a la misión Continental que los obispos de América nos propusieron al concluir el encuentro en Aparecida. Ha llegado el momento de dar comienzo a esta acción inspirada por el Espíritu Santo, para rescatar el espíritu misionero propio de todo bautizado.

Si todo cristiano está llamado a ser ese misionero destinado a llevar a Jesús, de la mano de María, a todos los lugares que abran sus puertas para recibirlo, como: hogares, colegios, comunidades, centros de salud, empresas y lugares de trabajo, etc., es conveniente y mejor dicho imperioso que cada familia, cuna de todas las generaciones, asuma como su cometido primordial la formación cristiana de sus miembros.  

Sabemos y estamos conscientes que no es una misión como tantas que hemos vivido y compartido en tiempos determinados. Ésta tiene la particularidad que lo que pretende rescatar es la dimensión misionera de cada cual. Por lo tanto es una misión que tienen un inicio y no tiene un fin, una meta determinada, sino que será de carácter permanente, como permanente es nuestra vida hasta que Dios nos llame a su lado.

Por ello nadie que se diga cristiano, que se sienta un seguidor de Cristo Jesús puede estar al margen de esta convocatoria y debemos ser generosos para entregar nuestro esfuerzo desinteresado para hacernos portavoces del Evangelio de Jesucristo, Palabra de Dios, que ha de llegar a todos los corazones, particularmente a aquellos que se encuentran más distantes del Señor porque han dejado su camino para seguir sus propias inclinaciones o aquellos que no conocen al Señor porque nunca alguien se dio el tiempo para acompañarlos y mostrarles la bondad del corazón de Dios que siempre nos está esperando. Esperando que hayan corazones de buena voluntad que abran sus puertas para escucharle o permitirle el paso a su intimidad.

No estaremos solos en este caminar, pues toda la Iglesia estará empeñada en apoyarnos en cada circunstancia para conocer más al Señor, su Palabra, su querer y así, hacerlo nuestro para que se cumpla su santa voluntad.

Será un tiempo de gracia muy particular para las familias que han de contar con un apoyo particular en la evangelización de su núcleo familiar. Nadie ha de sentir que no está capacitado para hacerlo. Bastará la buena voluntad de querer hacerlo y eliminar la vergüenza de pedir ayuda, pues ésta estará disponible en parroquias vicarías y en todas las instituciones de carácter cristiano.

Dios jamás se deja sorprender por nuestras inquietudes pues Él está atento a todo cuanto ocurre en nuestra vida y si hay ocasiones en que parece no nos escucha es porque no sabemos captar su voz que siempre responderá a nuestro ruego y nos dará, frente a nuestras peticiones, no lo que se nos antoje como niños malcriados, sino aquello que sea mejor para nuestra vida y nos ponga en el camino hacia la felicidad, pues no nos creo para el martirio, sino para la gloria en su presencia.

No debemos olvidar que somos nosotros los que nos apartamos de Él y no Él de nosotros. Pues nuestra soberbia nos lleva a sentirnos autosuficientes y a no querer depender de nada, ni de nadie, lo que es totalmente falso ya que nuestro existir está plagado de diversas dependencias.

Si bien es cierto cada cristiano está llamado a asumir este desafío, será la familia el centro de operaciones de cada agrupación, pues Dios ha querido sea el punto de partida para cada nueva vida que se hace presente en este mundo y para su desarrollo integral.

Ya nos lo recordaba el querido Papa juan pablo II cuando nos decía: “Familias, sé lo que eres.” Y agregaba: “Comunidad íntima de amor y de vida” Es esa vida la que debemos evangelizar, impregnar con la presencia de Cristo de manera que podamos testimoniar, desde ese espacio que es el hogar, lo que significa ser verdaderamente cristiano y el compromiso que conlleva estar adherido al corazón de nuestro Salvador Jesucristo.

De esta manera podemos entender que la misión no es la acción de un mes o dos o tres, sino la forma de vida que debamos sostener a través del tiempo para ser cuna de nuevos trabajadores que el día de mañana se comprometan con Cristo y su Reino a trabajar por construirlo en cada lugar donde aún no haya llegado o no haya florecido y sólo esté en barbecho.

Gran misión es ésta que lograremos realizar en la medida que nos unamos cada día más y más al misericordioso Corazón de Jesús y al dulce corazón de María.
            
Reflexión compartida.

¿Qué haremos como familia para acercarnos más a Jesús?
¿Estamos dispuestos a hacer el camino de la mano de María? 
¿Qué podría impedirnos ser realmente verdaderos cristianos?   
¿Qué debemos dejar de lado para ser fieles al Señor?  

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