MENSAJE MAYO 2013 N° 151 
Palabra de Dios


“Yo les digo la verdad: Les conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Paráclito, pero si me voy, se los enviaré; y cuando Él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado porque no creen en mí, en lo referente a la justicia porque me voy al Padre y ya no me verán; y en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo ha sido juzgado.

Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, los guiará hasta la verdad completa. (Jn16, 7-13)

Reflexión.

Al despedirse Jesús de sus discípulos la noche de la última cena les hace ver que su partida de este mundo es necesaria para consolidar la fe que su presencia ha despertado en sus discípulos. No quiere que ésta descanse en su realidad humana, sino en la verdad irrefutable e innegable de que Él es Dios, el Hijo del Padre que ha sido enviado con una misión particular, liberar al hombre creado de las ataduras que ha producido en él el pecado original y en consecuencia todas las otras faltas derivadas de esta primera caída.

Para consolidar su fe en forma definitiva les dice que se irá pero, de junto al Padre, les enviará el Espíritu Santo, que será el Consuelo en su aparente orfandad, el Espíritu de la Verdad que aclarará todas sus dudas y los fortalecerá en el combate contra el mal, será el Protector el que estará presente acompañándoles y animándoles a través de los dones que les comunicará. Será la expresión concreta de ese amor de Dios siempre atento a las necesidades de sus hijos. Como muestra de ello les entrega el Espíritu para que puedan perdonar o retener los pecados, lo que será reconocido en el Cielo.

El día de la Ascensión los enviará a bautizar a todos cuantos crean de corazón en Cristo como Hijo de Dios y estén dispuestos al cambio de vida, pues eso será el Bautismo: un morir y un resucitar con Cristo en un solo momento, graficado por la inmersión en el agua (ser sumergido en el agua como símbolo de la muerte y sepultura del hombre viejo) y el resurgir de ella (símbolo de la resurrección) como un nuevo ser que Dios ha acogido como hijo por adopción. Este es el gran misterio del Sacramento del Bautismo que no es una simple ceremonia, sino un rito que realiza efectivamente lo que está simbolizando.

El día de Pentecostés todos aquellos que estén en gracia de Dios, y crean efectivamente en Cristo recibirán el Espíritu Santo con sus dones, como un día lo recibieron los apóstoles con María, la llena de gracia, en el Cenáculo. Sus dones producirán la transformación de esos corazones para adherirlos definitivamente a Cristo y así puedan ser testigos de su amor en medio del mundo.

ORACIONES

Primer día: Reunidos en torno a la Imagen de María o la Sagrada Familia Misionera decimos: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Oración: “Querida Madre, que nos visitas junto a tu hijo Jesús y tu amado esposo José, sean bienvenidos a nuestro hogar, en esta su peregrinación. En otros países comienza a celebrarse el mes de María, porque ya es primavera y nosotros queremos sumarnos a su alegría ofreciéndoles las flores de nuestro corazón que ha hecho brotar la Resurrección de Jesús nuestro Señor y Salvador. En este mes celebramos la fiesta de la Ascensión del Señor al Cielo y el envío sobre la Iglesia y sus hijos del Espíritu Santo. Les rogamos susciten en nuestra familia sentimientos de acogida para el Santo Espíritu y preparen nuestros corazones para recibir sus dones. Amén.

A continuación decimos las intenciones o las peticiones por las que vamos a rezar. Aconsejamos el rezo del Rosario en Familia o una decena. Concluimos con: un Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Luego decimos la siguiente jaculatoria: “Que el Señor nos bendiga, nos libre de todo mal y nos lleve a la vida eterna.” Amén. Hacemos la señal de la cruz.

Segundo día: Todo igual que el primer día. Sólo cambia la oración.

Oración: “Querida Familia de Nazaret, cuna de Jesús, donde creció como hombre verdadero, al amparo del amor que ustedes le prodigaron. Imploramos su ayuda para continuar viviendo en la paz que el Señor Resucitado ha depositado en nuestras almas. Que podamos mantener esa paz dejando de lado toda violencia o maltrato de hecho o de palabra y que el amor familiar sea el estilo de vida que podamos mostrar al mundo. Jesús dio su vida por todos nosotros y no queremos que ese gesto de su amor quede sin respuesta de nuestra parte. Nos sabemos débiles y poco consecuentes con el amor que Dios nos ha regalado. Que los dones del Espíritu Santo den fruto en nuestras relaciones. Amén.

Tercer día: Todo igual que el primer día. Sólo cambia la oración.

Oración: “Queridos Jesús, José y María, como familia agradecemos su visita que esperamos se repita para traernos la gracia de vuestra presencia y las bendiciones del Señor. Que el Espíritu Santo que este mes se derrama en los corazones de los creyentes nos regale también esos carismas que permitan nuestra transformación para trabajar por el Reino de Dios, ya sea en nuestro hogar, con nuestros vecinos, familiares y amigos y con los que no conocen al Señor, para demostrarles con nuestra vida lo que creemos y en quien creemos y así seamos en todas partes fieles testigos y propagadores de nuestra fe la que queremos testimoniar con nuestra propia vida. Amén.

LA FE PRÁCTICA EN LA DIVINA PROVIDENCIA

La fe, como esa adhesión particular a una persona, a una idea, a un proyecto, a una línea de acción, forma parte de la estructura del ser humano, siempre en busca de la felicidad que pretende lograr por sus propios medios. Se olvida el ser, ya sea varón o mujer, que todo lo material  es transitorio y que las mismas ideas van evolucionando con el tiempo dejando sólo el recuerdo de lo que fueron en su momento, antes de pasar al olvido.

Se hace necesario, por lo tanto, ir más allá de lo temporal y buscar en aquello que trasciende lo meramente natural para adherirnos a aquello que dé respuesta a la inquietud insatisfecha de la felicidad y ello sólo lo podemos encontrar y experimentar en Dios, fuente y seguro de la felicidad que anhelamos y que puede llenar nuestra vida. A este punto será la fe la que nos permita adherirnos a Él y gozar de los beneficios de esta unión.

Pero no bastará con apegarnos al Dios de la Vida diciéndole yo creo para hacer realidad los beneficios de esta adhesión en nuestra vida. Será necesario, como lo recuerda un refrán popular: “A Dios rogando pero con el mazo dando.” Vale decir que la fe ha de llevarnos a asumir actitudes y permitir que Dios intervenga en la propia vida ya que sólo así tendremos la certeza de lograr lo que anhelamos.

Aún más, el apóstol Santiago en su carta nos recuerda: ¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: “Tengo fe”, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe? Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen de sustento diario, y alguno de ustedes le dice: “Id en paz, calentaos y hartaos”, pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta. (St 2, 14-17)

Por otra parte, nos recuerda Jesús en el Evangelio que si nuestra fe fuese del tamaño de una semilla de mostaza, la más pequeña de todas las semillas, bien podríamos hacer maravillas como mandar a un árbol cambiar de sitio y éste lo haría. Ello nos recuerda la debilidad de nuestra fe y lo precaria que es en el contexto de nuestra vida, razón demás para pedir al Señor lo que le decían sus apóstoles: “Señor, aumenta nuestra Fe.” (cf. Lc 17, 5-6)

Por la enseñanza de Jesús somos conscientes de que Dios procura siempre el bien de sus hijos y vela por nuestro sustento, cuando nos habla de los pájaros que no siembran ni tienen graneros y las flores del campo que no hilan ni mezclan colores, en cambio el Padre las alimenta y las viste con lo mejores colores. Por ello nos invita a buscar su Reino, haciéndonos parte de él y esperar confiados lo que nos dará por añadidura. (cf. Mt 6, 25-33)

Hay muchas experiencias que nos hablan de esta realidad que no es un invento de hombres, sino de la Providencia de Dios siempre atento a las necesidades de sus hijos, otorgándoles todo lo necesario para su sustento, siempre y cuando lo dejemos actuar en nuestra vida y vivamos como tantas veces nos lo ha pedido: Llevando a la práctica lo que decimos creer. Ejemplo de esto son las congregaciones de Hermanitos del Cordero y Hermanitas del Cordero radicados también en nuestra patria. No tienen despensa, no guardan para el día siguiente, en cambio el Padre celestial los alimenta día a día; nunca falta la mano que se tiende para ayudar.

¿De qué trata entonces la fe práctica? Ello nos habla de que no basta con el acto de fe, sino que la vida misma ha de entrar en el juego de confiar sin restricciones en el Dios que provee y es nuestro Padre. Debemos dar el primer paso en la acción y permitir a su vez que Dios actúe en nuestra vida. Ponernos en sus manos, sin dejar de hacer el mejor de los empeños por lograr la buena acción, pero con la confianza puesta en Él que suplirá nuestras falencias, nos fortalecerá cuando estemos débiles, sin energía, nos animará cuando la derrota nos toque la puerta, nos rescatará cuando el peligro aceche y nos dará su amor de Padre para que nosotros hagamos otro tanto con nuestro prójimo.

La fe práctica no nos permite ser cómodos y descansar en nuestros logros, sino que será un impulso dinámico constante para servir a otros con nuestra vida y entregar felicidad al que no la tiene, no la conoce o la ha perdido. Exigirá de nosotros hacer todo como si dependiera de nosotros, con la clara conciencia que todo depende de quien nos otorga la vida, nos ilumina con su espíritu, nos abre los ojos a la realidad, nos otorga su gracia en la acción, nos motiva para actuar, nos regala sus dones para ser fecundos y nos cubre permanentemente con su amor, haciéndonos sus hijos bien amados.

La fe práctica nos induce a vivir como niños en brazos de su padre, como adultos responsabilizándonos por la salud del alma propia, de los que no conocen a Dios y de los que conociéndole se han alejado de su lado buscando caminos que en ningún caso les han de llevar a su destino eterno predispuesto por el Padre y sí los ponen al borde del abismo en donde sólo basta un pequeño empujón para caer  en el vacío de la soledad, de la angustia y de un sin número de enfermedades del alma que nos impiden ser felices como el Padre lo desea para cada uno de sus hijos. Dios quiere que todos sus hijos se salven pero no fuerza a nadie a aceptar su propuesta.

Reflexión compartida.

¿Hasta qué punto confío en Dios al emprender una tarea?
Si las cosas no se dan como las he planificado ¿A quién culpo?
¿Me siento responsable cuando los míos no creen o no confían en Dios?     

 

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