Mensaje Julio 2013 Nº 153
Palabra de Dios


“Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella… Así deben amar los maridos a sus mujeres como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer se ama a sí mismo. Porque nadie aborrece su propia carne; antes bien la alimenta y la cuida con cariño, lo mismo que Cristo a la Iglesia.

Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor;… Padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos más bien mediante la instrucción y la exhortación según el Señor.” (Ef 5, 25.28-29. 6, 1.4)

Reflexión

San Pablo en su carta a los Efesios les da algunas recomendaciones que al día de hoy nos haría mucho bien ponerlas en práctica en el ámbito de nuestra propia familia.

La recomendación a los esposos, considerando el tiempo en que el apóstol vivía, no es ajena a la realidad actual en que los esposos no tienen ese trato, al que Pablo hace referencia: “mirar al otro con la mirada que Cristo esposo mira a la iglesia su esposa.” Dios siempre quiere lo mejor para sus hijos pero no quiere darnos las cosas benévolamente sin que hagamos nada al respecto. Por eso nos muestra en la persona de su Hijo amado cual debiera ser esa actitud y lo que espera de cada uno de nosotros a través de su palabra.
 
Jesús nos dice: “Cuanto quieras que haga el otro por ti, hazlo tú de igual manera” (Mt7, 12), es la regla de oro aplicable en todos los aspectos de nuestras relaciones interpersonales y por su puesto, de manera particular, en la vida de aquellos que se han unido por amor. Por otra parte una relación de amor busca siempre la felicidad del ser amado y no la propia ya que esto supone un egoísmo que nos aparta de ese mandamiento fundamental: “el amor al prójimo como a nosotros mismos.” Y al despedirse Jesús reitera; “Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos.” (Jn 15,12-13)

Continúa Pablo invitando a los hijos a ser obedientes con sus padres, pues estos representan la paternidad de Dios, siempre atento a las necesidades de sus hijos. Y conmina a los padres a ejercer su autoridad no con expresiones de fuerza física, sino con la fuerza moral que instruye y exhorta al otro con amor y la verdad, animándole y apoyándole a través de su desarrollo, siendo el principal referente de lo que quiere lograr en ellos por medio de su ejemplo.

Oraciones

Primer día: Reunidos en torno a la Imagen de María o la Sagrada Familia Misionera decimos: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Oración: “Querida Madre, que nos visitas junto a tu hijo Jesús y tu amado esposo José, sean bienvenidos a nuestro hogar, en esta su peregrinación. La Palabra del Señor nos invita a mirar nuestra realidad de familia y el comportamiento que tenemos entre nosotros. Sabemos que no siempre nos tratamos con el amor que decimos sentir los unos por los otros, por ello imploramos el auxilio de la gracia de Dios que llega con su visita, para poder amar como ustedes se amaban en vuestro hogar en Nazaret, viviendo cada día sin olvidarnos que lo importante no es luchar por la felicidad individual, sino que hacer el mejor esfuerzo para ser una familia feliz. Amén

A continuación decimos las intenciones o las peticiones por las que vamos a rezar. Aconsejamos el rezo del Rosario en Familia o una decena. Concluimos con: un Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Luego decimos la siguiente jaculatoria: “Que el Señor nos bendiga, nos libre de todo mal y nos lleve a la vida eterna.” Amén. Hacemos la señal de la cruz.

Segundo día: Todo igual que el primer día. Sólo cambia la oración.

Oración: “Querida Familia de Nazaret, ejemplo de vida familiar para todos cuantos requieren de una ayuda, de una orientación par comportarse conforme al mandato del Señor que nos pide amar por sobre todas las cosas.  Cada uno de ustedes cumplió lo que correspondía a su rol dentro de la familia y la armonía ayudó a crecer a Jesús como hombre verdadero. Que nuestro hogar sea también esa escuela donde cada cual pueda cumplir su misión personal de la mejor forma para el bien de todos cuantos vivimos bajo este techo. Que reine siempre la armonía entre nosotros, que podamos expresar lo sentimos con la seguridad de ser escuchados y apoyados en nuestros legítimos anhelos. Amén

Tercer día: Todo igual que el primer día. Sólo cambia la oración.

Oración: “Queridos Jesús, José y María, como familia agradecemos su visita que esperamos se repita para traernos la gracia de vuestra presencia y las bendiciones del Señor. Que reine entre nosotros la paz y la alegría que son propias de quienes tienen a Dios en medio. Que siempre podamos dialogar y compartir nuestras inquietudes, en la certeza de que haremos el esfuerzo por comprender las actitudes y los pensamientos de cada cual. Que podamos crecer como familia y así ser un referente para muchos que hoy lo necesitan, del como ha de comportarse una familia comprometida con Cristo y que desea ser sal de la tierra, luz del mundo y lugar de cobijamiento y seguridad para otros. Amén

LOS PADRES  I

Cuando Dios crea el universo a través de su Palabra, ese “Hágase” divino hace que surja todo cuanto nuestros sentidos pueden apreciar. Una vez que todo había sido hecho Dios toma la determinación de poner al centro de su Creación a un ser llamado a ser su imagen y semejanza, pues esta es su decisión: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. Toma, entonces, polvo de la tierra y moldea al hombre la criatura que será el centro de su creación. Insufla en su nariz aliento de vida y así surge este nuevo ser que reúne en sí mismo la naturaleza creada y el aliento de Dios que le hace ser distinto a todo el resto de lo creado.

Pero la obra, para que este ser sea la imagen y semejanza de su Creador aún no está concluida lo que expresa Dios al decir: “No es bueno que el hombre esté solo, le haremos una ayuda adecuada.” Por ello le hace caer en un profundo sueño y le arranca un trozo de su naturaleza del que forma otro ser con una modalidad distinta que al unirse al primero conformará con él la totalidad d