Mensaje Diciembre 2013 N° 158
Palabra de Dios



“El Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle.” Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera lo dicho por el Señor por medio del profeta: “De Egipto llamé a mi hijo.” (Mt 2, 13-15)


Reflexión

El Evangelista Mateo nos narra una situación crucial en la vida de Jesús que, siendo niño y después de la visita de los magos que le reconocen como rey es perseguido por quien ostentaba el poder, para quitarle la vida. Pero su padre, avisado por Dios, le toma junto a su madre y se trasladan a Egipto.

José, María y Jesús forman una familia corriente que no estaba preparada para enfrentar una situación de esta envergadura, pero su relación con el Dios de la Vida y su adhesión a su Palabra les lleva a asumir el camino que su santa voluntad les propone.

Es importante considerar, desde nuestra perspectiva humana, la actitud de Dios que no impide a Herodes su decisión de actuar en contra del pequeño Jesús dejando en manos de la voluntad de José y María asumir o no su propuesta.

La Familia de Nazareth, en cuyo seno ha nacido el Salvador, ha de tomar sus propias decisiones desde el Sí de María al plan original de Dios y el posterior Sí de José de asumir a María como esposa estando en cinta. En esta ocasión han de pronunciarse para proteger al pequeño Jesús que era la gran misión recibida del Padre.

Desde una visión de carácter puramente humano podríamos esperar que Dios actuara al margen del querer de los hombres para custodiar la vida de su Hijo, pero vemos que no lo hace y permite llegue al patíbulo de la cruz por el respeto que le merece la decisión humana a quien le otorgó la libertad de decidir su propio camino.

Esto es un ejemplo para todos los que creen en Él, para asumir las propias determinaciones frente a las invitaciones y advertencias que continuamente nos hace. Hoy nos llama a ser sus misioneros y debemos decidir personalmente si queremos aceptar su invitación o rechazarla. Nos regala la vida de nuestra Madre como un ejemplo a seguir y la presencia de su Hijo bien amado en su natalicio, para que le acojamos y nos unamos a Él. ¿Qué haremos? Debemos decidirlo.

Oraciones

Primer día: Reunidos en torno a la Imagen de María o la Sagrada Familia Misionera decimos: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Oración: “Querida Madre, que nos visitas junto a tu hijo Jesús y tu amado esposo José, sean bienvenidos a nuestro hogar, en esta su peregrinación. Estamos concluyendo el mes dedicado a ti y comenzamos a prepararnos para recibir a tu Hijo Amado en esta Navidad. Queremos estar junto a ti que lo llevaste nueve meses en tu seno antes de darlo a luz y te pedimos prepares nuestros corazones y nuestro hogar de la misma manera como viviste aquellos benditos días antes de tu alumbramiento. Queremos recibir a Jesús de la mejor forma y tú eres la clave para que nos preparemos adecuadamente antes de su llegada. Infunde tu amor en nuestros corazones y seremos la cuna que requerirá en Navidad. Amén. 
A continuación decimos las intenciones o las peticiones por las que vamos a rezar. Aconsejamos el rezo del Rosario en Familia o una decena. Concluimos con: un Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Luego decimos la siguiente jaculatoria: “Que el Señor nos bendiga, nos libre de todo mal y nos lleve a la vida eterna.” Amén. Hacemos la señal de la cruz.

Segundo día: Todo igual que el primer día. Sólo cambia la oración.
Oración: “Querida Familia de Nazaret en donde Jesús experimentó el amor humano. Queremos asemejarnos a ustedes para que Jesús encuentre en medio nuestro ese calor que proporciona el verdadero amor que es fuego de Dios en el alma humana. Nuestro mundo sufre del frio de la indiferencia y camina hacia las sombras que le impiden ver la luz que es nuestro Redentor Jesucristo. Como familia queremos aportar nuestro esfuerzo para que Jesús sea acogido en muchos hogares, pero somos débiles y frágiles y necesitamos la fortaleza de ustedes para no claudicar en nuestro empeño y la luz de Cristo para avanzar sin temor. Dadnos vuestro auxilio y vuestra protección para ser fieles. Amén,

Tercer día: Todo igual que el primer día. Sólo cambia la oración.
Oración: “Queridos Jesús, José y María, como familia agradecemos su visita y las bendiciones que nos deja su paso por nuestro hogar. Queremos seguir unidos a Jesús al concluir este año y comenzar uno nuevo. Que vuestra presencia y ejemplo sean el norte hacia dónde dirigir la barca de nuestra familia, pues estamos ciertos que siguiendo vuestros pasos estaremos en la senda que nos ha de llevar a la vida eterna que Dios tiene reservada para todos cuantos permanezcan fieles hasta el final. El camino no es fácil, pero Dios está y permanecerá con y en nosotros si nosotros permanecemos en Él. Ayúdennos a amar como Jesús nos lo ha pedido: Hasta dar la vida por quienes amamos. Amén.

 

LA FE PRÁCTICA EN FAMILIA

 Ha llegado Diciembre y con él todo el ajetreo tradicional de un fin de año. Pero también un mes muy particular y de profundo significado en la vida de todo cristiano.

Es el tiempo del Adviento, de la espera y preparación del alma y del hogar para acoger a Jesús que viene a todo ser humano que tenga un corazón disponible y con buena voluntad para dar felicidad a otro.

También hay dos fechas que tocan a los cristianos que son el ocho, en donde la religiosidad popular lleva a muchos hermanos a tener una particular demostración de amor a la Santísima Virgen visitando algún santuario para ofrecerle sus dones, sacrificios y esfuerzos personales como muestras de agradecimiento por lo que han experimentado en su vida a lo largo del año y el doce en que se celebra en toda América a la Patrona de estas tierras, Ntra. Sra. De Guadalupe que mantiene el apego con sus hijos los que el Salvador le encomendó en el momento de entregar su cuerpo, por amor a todos, en la cruz.

Navidad es el día que parte de un hecho histórico, particularmente cristiano por recordarnos el nacimiento de Jesús, pero que el mundo ha asumido desde una perspectiva de la alegría y el compartir obsequios (aunque en todos los países no es igual) celebrando con regalos a los niños y sumando a ello el jolgorio familiar que va más allá cuando se involucran amigos y extraños en calidad de invitados.

Y al domingo siguiente a la celebración de la Navidad nos encontramos con la celebración de la Sagrada Familia que queda como en penumbras por el esfuerzo desplegado en las celebraciones anteriores y la proximidad del año nuevo.

Todo esto nos ha de llevar a reflexionar como expresamos nuestra fe sin dejarnos llevar por las tendencias del mundo que, muchas veces, están alejadas de los caminos del Señor. No se trata de ser graves, ni alejarnos del mundo, pues estamos inmersos en él; debemos pensar en cómo llevar a la práctica lo que sentimos en el corazón al adherirnos al Señor que viene en esta Navidad a renovar esa Alianza de amor que ha establecido con su pueblo a través de su propia sangre.

Es necesario, antes de pensar en cómo cristianizar al mundo, vernos como familia en el propio hogar. ¿Reina Dios en medio de nuestras relaciones? Los sentimientos de solidaridad, a los que somos tan proclives en estas fechas: ¿están presentes en el día a día de nuestra vida de familia? ¿Cómo podremos hacer felices a otros si no somos capaces de hacerlo con quien tengo más cerca: ya sea mi cónyuge, mis hermanos, quienes nos prestan un servicio en el hogar? También están nuestros familiares más cercanos, nuestros amigos, etc.

El arraigarnos en Cristo nos ha de llevar a asumir a los otros  de la misma manera como quisiéramos ser asumidos por los demás y, ciertamente, este tiempo es privilegiado  en cuanto a las oportunidades que nos ofrece para abrir las compuertas del alma y expresar nuestro amor y dejarnos amar.

Más que criticar como lo hacen los demás, los que están errados en el camino o no creen, debemos esforzarnos por vivir más  intensamente cada uno de estos momentos que se nos presentan como oportunos para dar testimonio de nuestra fe, cristianizando todos los aspectos que marcan estas celebraciones, de manera de ser un ejemplo vivo para todos cuantos nos rodean.

Puede que haya alguno que nos critique por no estar de acuerdo con nuestro proceder, pero habrá también quien se sienta tocado en el alma y ese será, sin duda alguna, el momento propicio para que Dios irrumpa en su vida y pueda experimentar esa conversión que tanta falta nos hace en  medio de un mundo que se deja llevar por todo lo que impresione los sentidos naturales, despreciando el valor del alma.

No olvidemos que la alegría es propia del cristiano que vive en la presencia de Dios y más aún si nos estamos preparando para recibir a su Hijo Amado en esta Navidad. Será, entonces, la ocasión para vivir una preparación no sólo interna, sino también los aspectos externos de toda celebración que nos hagan más presente el motivo de nuestra alegría.

Podemos preparar el retablo navideño haciendo participar de ello a toda la familia que convive en el hogar. Si tenemos imágenes podemos armar un pequeño pesebre, lo que produce mucha alegría a los pequeños y se graba como un recuerdo que alimentará los años de su madurez. Podemos adornar también un árbol navideño con los arreglos típicos de esta celebración, acorde con la época del año que nos corresponde que no es el invierno.

Pero, lo fundamental será conectar lo externo con lo interno, para reforzar la preparación del alma de la familia, lo que podemos hacer con momentos de oración, preparando un regalo espiritual para Jesús, ofreciendo nuestro esfuerzo en aquello que más nos cuesta por amor a Jesús y para que el milagro de la conversión toque el alma de alguno que no cree o es indiferente a la venida del Señor. Igualmente resulta hermoso encarnar alguno de los personajes del pesebre para que la noche de navidad, al reunirnos en torno al pesebre, podamos decir algo a Jesús desde esa vivencia y compartirlo con los demás.
           
Reflexión compartida.

¿En dónde pondremos el acento en la celebración de Navidad?
¿Qué haremos, como familia, para prepararnos?
¿Hay alguien con quien debamos reconciliarnos?  

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